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Sunday, June 16, 2013

Buena alimentación

Cómo alimentarnos para fortalecer el sistema inmunológico


Con la llegada del frío y el despertar de los virus, a nuestro  sistema inmunológico le viene muy bien una ayuda extra para defenderse de los potenciales ataques al organismo. La alimentación es clave a la hora de reforzar nuestras defensas y consumir determinados productos puede procurarnos las vitaminas, minerales y antioxidantes que necesitamos sin tener que recurrir a los suplementos. Los cítricos de buena mañana, con su vitamina C y su poder alcalinizante, son una excelente opción para empezar el día. Pero hay más…
Alimentos fermentados: casi todas las culturas han consumido durante siglos alimentos fermentados. Ayudan a restaurar el equilibrio saludable de las bacterias intestinales y mejoran considerablemente la digestión, base fundamental para un sistema inmunológico eficiente. Beber un poco de Kefir todos los días, comer pan de masa fermentada y aderezar nuestros platos con salsas fermentadas resulta excelente para nuestro organismo.
Aceite de Coco Virgen: es muy beneficioso para la tiroides y por tanto para el metabolismo. El aceite de coco es rico en ácido láurico, que en nuestro interior se convierte en monolaurina, el componente de la leche materna que refuerza la inmunidad del bebé. Como tiene buena resistencia al calor, el aceite virgen de coco se puede utilizar para freír u hornear, en sustitución de la mantequilla.
Verduras ecológicas locales: llenar la despensa con productos orgánicos, libres de pesticidas, nos asegura una excelente fuente de vitaminas y minerales sin las toxinas que alteran nuestra salud. Es clave comer alimentos de temporada y producidos lo más cerca posible, para evitar el deterioro que ocasiona el paso del tiempo. Cultivar nuestra propia brócoli o pimientos en la terraza de casa podría ser uno de los buenos propósitos para el año nuevo. Es más fácil de lo que puede parecer.
Arándanos: los arándanos silvestres contienen fitoquímicos de gran alcance, tales como la antocianina, que proporciona su color azul y que tiene elevado poder antioxidante. Entre sus efectos terapéuticos conocidos están la reducción de las enfermedades coronarias, los efectos antitumorales, antiinflamatorios y antidiabéticos, además del mejoramiento de la agudeza visual y del comportamiento cognitivo.
Hongos: las setas contienen una gran cantidad de vitaminas, incluida la vitamina D. Es más, se trata de uno de los alimentos que puede ofrece este potenciador inmunológico. También contienen beta-glucanos, que pueden activar o modular el sistema inmunológico. Resultan especialmente beneficiosos los hongos Reishi, Shitake y Maitake.
Alga Chlorella: es un alga unicelular de agua dulce que atrapa las toxinas como el mercurio y las retira del organismo. La Chlorella también ayuda a procesar mejor el oxígeno, a limpiar la sangre y a promover el crecimiento y la reparación de los tejidos. El 40% de su peso, ya desecado, son proteínas, si bien para su consumo debe estar procesada antes de ser incluida como ingrediente de preparados alimentarios.
Té verde: el té verde contiene polifenoles en forma de sustancias químicas naturales llamadas catequinas. Estos compuestos tienen muchos beneficios para la salud, con efectos positivos en los cinco órganos vitales, especialmente el corazón, y pueden ayudar a estimular el sistema inmunológico.
Ajo: resulta un ingrediente imprescindible en la dieta saludable, ya que el ajo es antibacteriano, fungicida y antiviral. En los guisos invernales se convierte en el aliado de excepción ante las enfermedades de esta época. Además de su conocido poder anticoagulante, este bulbo tradicional de la dieta mediterránea es un antibiótico natural con propiedades expectorantes, contra la tos y la ronquera.
Cúrcuma: esta sencilla especia de color naranja brillante tiene una alta capacidad antioxidante y se sabe que es un agente anti-cáncer. Su capacidad antioxidante es 8,5 veces más potente que la de las vitaminas C y E. La medicina ayurvédica utiliza la cúrcuma como importante medicamento anti inflamatorio. Se puede añadir a sopas, guisos y arroces para aportarles otro saludable toque.
Pimienta Negra: es la especia más popular y ya en la antigüedad se utilizaba para tratar la bronquitis aguda. Contiene manganeso, hierro y vitamina K, mejora la digestión y la salud intestinal. Al consumir pimienta se estimula la secreción de ácido clorhídrico, esencial para digerir los alimentos y evitar así la proliferación de bacterias que causan alteraciones gastrointestinales como los gases, la diarrea o el estreñimiento. Además de carminativa o diurética, la pimienta también tiene capacidad antioxidante, antibacteriana y de estimular la descomposición de las células de grasa.
Orégano: fresca o seca, el orégano es una hierba aliada cuando los catarros acechan. El orégano tiene capacidad antimicrobiana, antitumoral, antiséptica, tónica y digestiva. En infusión resulta muy eficaz contra la tos, la afonía y las molestias de garganta. Su agente activo, el ácido rosmarínico, es un poderoso anti-oxidante.
Canela: esta especia originaria de Sri Lanka es un poderoso agente antimicrobiano, letal para numerosas bacterias como la E. coli. También contiene compuestos anti-inflamatorios, es relajante, beneficiosa para el corazón y ayuda a reducir el colesterol, los triglicéridos y el azúcar en sangre. Además de añadirla a postres y a guisos con tinte oriental, también es una saludable costumbre incluir a la canela en la taza de café o cacao, en zumos, infusiones, tostadas y cereales.
Clavos de olor: los frutos del árbol del clavo, nativo de Indonesia, contienen eugenol, un poderoso antiséptico y anestésico, de ahí sus beneficios en dolores de muelas y de garganta. En platos como el arroz con leche o carne guisada el aroma del clavo resulta exquisito.
Jengibre: este rizoma típico de la gastronomía asiática contiene gingerol, un supresor del cáncer. El jengibre también es excelente para la digestión, alivia las flatulencias y la inflamación de garganta. Además de ingrediente de guisos y repostería, el jengibre permite elaborar deliciosas infusiones. Si también añadimos una ramita de canela y una buena cucharada de miel, tenemos un cálido tónico, ideal antes de acostarnos.
Cayena: el chile en polvo contiene beta-caroteno, un fuerte anti-oxidante y es una fuente considerable de vitamina C y A especialmente. La capsaicina, una de las sustancias responsables de la sensación picante, es un efectivo antibiótico y se ha demostrado que provoca la destrucción de las células cancerígenas en laboratorio. Con todo, se considera saludable consumir comida picante, que además estimula las endorfinas que nos dan sensación de bienestar, tan necesaria cuando bajan las horas de luz. Una pizca de cayena en la taza de chocolate nos aporta otra versión de la experiencia.
Tomillo: los egipcios ya utilizaban esta hierba para embalsamar a sus difuntos. La cocina mediterránea también la incluye frecuentemente en sus recetas, para adobar y aderezar. Esta aromática planta contiene flavonoides y ácidos fenólicos como el cafeico o el rosmarínico. La esencia se compone fundamentalmente de timol y confiere a la hierba propiedades tonificantes, estimulantes del apetito, espasmolíticas, antisépticas, expectorantes y antifúngicas. Los ácidos fenólicos refuerzan la acción antiséptica. El tomillo se ha empleado contra la tos ferina, las inflamaciones crónicas de los bronquios, el asma, el dolor de estómago, los trastornos digestivos y la diarrea. Con todo, una sopa de tomillo para entonar las frías noches del invierno es una opción ganadora. Lo mismo que una infusión de tomillo y saúco con miel, si es que el catarro ya nos ha pillado.
Miel: este gran acompañante de postres, desayunos y repostería tiene propiedades antimicrobianas y antisépticas. Tradicionalmente se ha utilizado para aliviar las irritaciones de garganta, pero también mitiga los trastornos intestinales, las úlceras de estómago, ciertas afecciones cardíacas, aumenta el vigor muscular y facilita la retención del calcio.

Friday, October 3, 2008

Aceite de salvado de arroz

Fuente Autor: ELENA PIÑEIRO
12 de noviembre de 2007

Se conocen más de dos mil variedades de arroz diseminadas por todo el mundo. Pero son la India, China y Japón los países con mayor producción de este cereal. Desde hace más de cinco milenios el arroz ha alimentado a los habitantes del continente asiático, y actualmente consumen unos 85 kg de arroz por persona y año (frente a los 6 kg de media que cada persona consume en el mismo periodo en España). Tras la cosecha del arroz, y después de los procesos de refinado y tratamiento previos a la obtención del grano blanco, se generan numerosos desechos. Uno de ellos es el salvado o cascarilla que, además de ser rico en fibra insoluble, concentra un porcentaje nada despreciable de grasas insaturadas (hasta un 20% del peso total).

De salvado de arroz a aceite
Con el objetivo de sacar partido a las enormes cantidades de este desecho, la industria arrocera india empezó a extraer el aceite de salvado. Lo que comenzó siendo un simple subproducto del arroz, hoy día se ha convertido en una alternativa válida a los aceites tradicionales. Es muy usado en la cocina india y su empleo se está extendiendo a otros países.
El aceite se obtiene al someter el salvado a extracciones con disolventes orgánicos para retirar la grasa, si bien debe ser refinado posteriormente para que sea comestible. El resultado final, el aceite de salvado de arroz, presenta un tono dorado y es muy empleado como condimento de ensaladas y otros platos por su apreciado sabor. También se puede usar para cocinar, ya que es relativamente estable gracias a su elevado contenido en antioxidantes.

Gamma oryzanol, el fitosterol del arroz
El aceite de salvado se ha convertido en una alternativa rica en antioxidantes a los aceites tradicionales
Del análisis químico del aceite de salvado de arroz sobresale su elevado contenido en ácidos grasos insaturados (grasas buenas) y en potentes sustancias antioxidantes como la vitamina E, el ácido ferúlico y el gamma oryzanol. Es precisamente el contenido en gamma oryzanol el que centra las investigaciones actuales, ya que es un fitosterol con propiedades para reducir el colesterol, lo que reduce en consecuencia el riesgo cardiovascular.
Atendiendo a los resultados de diversos estudios tanto en animales como en humanos (las primeras investigaciones vienen de Japón, donde este aceite es muy popular), este beneficio parece responder a una combinación de efectos como la reducción de la absorción del colesterol, el aumento de la conversión de colesterol a los ácidos biliares y el aumento de la eliminación de los ácidos biliares por las heces. Parece ser que el efecto hipocolesterolemiante responde no sólo a la acción de los fitosteroles, sino también a la potente acción antioxidante del ácido ferúlico y, en menor medida, de la vitamina E.
Como curiosidad, dada la potente actividad antioxidante del ácido ferúlico y el gamma oryzanol, la mezcla extraída del aceite de salvado de arroz es usada a menudo por los laboratorios cosméticos en la composición de los protectores solares.

Fitosteroles para el corazón
Los esteroles de las plantas, conocidos como fitosteroles, son absorbidos por el organismo. Cumplen la función de inhibir la absorción del colesterol y de los ácidos biliares y, en consecuencia, se han apreciado notables efectos en la reducción de los niveles plasmáticos de lipoproteínas de baja densidad (LDL colesterol).
La particularidad bioquímica de los fitosteroles está en su estructura, semejante a la del colesterol. En este sentido, el consumo de alimentos ricos en fitosteroles hace que estos compuestos ocupen los receptores celulares del colesterol y bloqueen así la absorción del colesterol plasmático, sea endógeno (producido por nuestro propio organismo) o exógeno (contenido en los alimentos). El efecto inmediato es la reducción de los niveles plasmáticos de colesterol.
Los frutos secos (nueces, almendras, cacahuetes o pipas de girasol), el germen de los cereales, los aceites vegetales y algunas legumbres como la soja, son también fuentes naturales de fitosteroles.